KURANMŪNSUTĀ – Capítulo 19

CAPÍTULO 19

Capítulo 19: En lo Alto – Parte II


En Tokyo, la líder de Tokyo, Tami Annaishi. Era la esposa del segundo hermano mayor de Juro, que junto con su hermana eran los últimos dos de la familia Umi, de parte de Umi Kazue.

Los hermanos de Juro eran nueve, con el incluido serian diez, genial no. Una familia como los Umi, era lo que se necesitaba más en Japón, ya que la tasa de natalidad en Japón era una de las más baja en el mundo, tener una fertilidad tan alta sería una bendición para muchos.

Pero hablando de lo que tenía que hablar, Annaishi Tami, se casó con el hermano de Juro, eran ahora cuñados.

Annaishi siempre había invitado a su hermanita pequeña, es decir, la hermanita de su esposo a tomar el té. Y esto fue prácticamente una tradición desde entonces.

―Eres bastante hermosa, cuñada―fueron las palabras de ese momento de Annaishi, quien estaba tomando el té junto con Isabela, en el techo donde estaba la base de tecnología de Kuranmunsuta.

―Bueno, viéndome a mí misma, es como si estuviera viendo a mi hermano gemelo―dijo Isabella tocándose la cabeza―mi hermano es hermoso por mi grandiosa bondad―se echó a reír.

―Y él te dio toda la felicidad por su gran bondad―dijo Annaishi con una sonrisa―Bueno, viéndole a ustedes se parecen mucho―dijo Annaishi reparando a Isabela―pero Arata-heika y Nozomi-hime, son muy diferente, aunque tienen aspecto físicos muy similares, su personalidad son muy diferentes.

―Tienes razón―dijo Isabela―cuando conocí a Arata, por primera vez, dije que era el hombre más hermoso y afortunado, el príncipe azul que todas las mujeres quieren tener.

―¿Y aún sigues creyendo eso?―preguntó Annaishi.

―Claro, no he cambiado de opinión respecto a eso, es un peldaño difícil de llegar.

―Tienes razón―dijo Annaishi.

―Por eso, me di por vencida respecto a eso, me conformaría con cuidar de sus hijos, al menos que tuviera la Arumakado plateada, habría una oportunidad si lograra eso―dijo Isabela.

―Bueno, sé que te gusta Arata-heika. Y las oportunidades de que subas de rango, son casi imposibles―dijo Annaishi.

―Eso lo sé muy bien―dijo Isabella deprimida.

―Bueno, lo que busca Arata-heika, es a alguien que no se interese por que es el líder del clan, sino que lo ame de verdad, no me sorprendería, si Arata-heika, se presenta con una chica desconocida al clan―dijo Annaishi.

Isabela lleno de nuevo su taza de té.

―Pero necesitaría la aprobación de su hermana, para estar con ella. Además, Nozomi-hime dijo que se casaría con su hermano para no cometer el mismo error que la vez pasada―dijo Isabella recordando―Esa bruja que rechazó a Arata-heika, que no la encuentre por ahí porque se las verá conmigo.

―Calma, calma. Ella no sabe acerca de lo que hacemos, añadiendo, que lo que supuestamente hizo Arata-heika, fue lo último que faltaba para la detonante del rechazo―dijo Annaishi.

―Pero, si cuando era pequeña, y la vi por primera vez, de inmediato me di cuenta que ella, estaba completamente enamorada de Arata-heika, ni siquiera se atrevió a pedirle una explicación y hablar sobre el tema ¿Qué la habrá cambiado tanto?―preguntó Isabela.

―¿Quién sabe?―dijo Annaishi―pero si no cambia esa personalidad, ya será demasiado tarde para ella.

Se quedaron en silencio.

No tenían más nada de qué hablar.

Todo lo que hablaron, fue solo una conversación, que no estaba permitida hablar mucho de ella, era algo que no tenía importancia, pero…

Las cosas que estaban sucediendo ahora con este mundo, con la familia Hiromi y la familia Sadashi, son cosas de las cuales muchos tienen pregunta, la familia Sadashi era prácticamente una familia que ha sido generación tras generación amigas, desperdiciar esta amistad, sería como echar a perder todas las cosas que habían hecho junto.

Nada que discutir frente a esto.

***

Los Yokai, palabra utilizada para referirse a la cantidad de monstruos que existen en el mundo actual, abarcando; monstruos, espíritus, espectros, etc. Hace referencia a todo incluyendo los monstruos de otras mitologías, no hay diferencia en esto.

Los monstruos solo quieren ver caos entre la humanidad, las mayorías de la guerra, que ha habido hasta ahora, es por influencia de estos, los Yokai que poseen a las personas son los más peligrosos, llevándolos a hacer cosas irremediables, como asesinar o destruir algo.

Los otros Yokai que no poseen a las personas, solo están encargado de hacer caos en el ambiente, causando desde una destrucción mínima desde una explosión de auto hasta la anomalía de convertirse en un terremoto, tsunami, y desastres naturales en partes del mundo, son muy pocas estas destrucciones, pero afectan totalmente la mente de la humanidad por ver estas catástrofes.

Pero, también hay Yokai buenos, que ayudan a la naturaleza a florecer y vivir cada día, estos Yokai cada día están desapareciendo, por causa de la humanidad que no cuida el medio ambiente y por causas de los Yokai rencoroso que lo destruye.

No se puede hacer nada sobre esto, así también actúa el clan Kuranmunsuta, protege a los Yokai buenos lo mejor posible, no solo a la humanidad, el querer protegerlo fue algo que no estaba en el contrato realizado con los dioses.

―Y bueno, tienen que saber que existen infinidades de Yokai a los que debe conocer, hay buenos y malos, unos que ayudan a la humanidad y otros que los quieren destruir y ver caos en el mundo, ¿entendieron?―termino de contar Arata a sus discípulas estando en el avión privado directo a Grecia.

―Sí―dijeron las dos.

―Tengo una pregunta―dijo Haruka.

―¿Cuál es?―preguntó Arata.

―Siempre me he preguntado de dónde vienen los Yokai, ¿usted sabe de dónde vienen ellos?―pregunto Haruka.

Se quedaron atenta para escuchar la respuesta de Arata.

―Hmmm, de acuerdo con nuestros antecesores, dicen que el 20% de ellos, se escapa del infierno, el otro veinte fueron creados por dioses antiguos y comenzaron a procrearse, y el 60% restante, no se sabe de dónde vienen―dijo Arata.

―¿No sabe de dónde vienen?―preguntó Jun.

―No, según nuestros antepasados, puede ser espíritus de otros planetas que vinieron hasta acá o también espíritus de otros universos donde existen también otras tierras como esta y viene a parar en esta tierra porque son prácticamente iguales, en pocas palabras, se pierden en el espacio y tiempo―explicó Arata.

―Genial, entonces existe la posibilidad de que haya vida en otros planetas y además de eso también otros universo que contenga vida, ¿no?―dijo Jun.

―Bueno, cada uno es libre de creer en eso, como ya saben nuestra familia no es de este universo, por lo que tienen que existir más universo―dijo Arata.

―¿Y saben de qué universo son?―pregunto Haruka.

―No, nuestro primer antepasado Hiro Yuu, llegó sin saber de dónde venía, solo sabía lo que podía hacer y los poderes que tenía, ahí fue cuando llegaron los dioses principales de todos los panteones ante él y le explicaron, en ese momento fue cuando hicieron el contrato―dijo Arata.

Esto era historia que la mayoría del clan Kuranmunsuta sabía, desde hace generaciones, no había nada que esconder, los conocimientos de los dioses e historia que no sabía los seres humanos normales, estaban totalmente oculto.

Cualquier información sobre que los dioses existe y de las cosas que para los humanos son sólo imaginación de la mente, estaban totalmente prohibido contar de que realmente existen. Cualquier fuga de esta información, se castigaba con la destrucción de su alma.

―¿Y saben cómo fue ese encuentro?―preguntó Jun emocionada.

―Sí, Nuestro antepasado Hiro Yuu, lo dejo en los escritos de nuestra lengua, se los puedo contar pero…

―Onii-san―interrumpió Nozomi.

―Dime―dijo Arata dirigiendo su mirada hacia ella.

―Hemos estado sobre los cielos de Zeus durante unos minutos y no veo anomalías, es extraño―dijo Nozomi mirando por las ventanilla del avión.

―Tienes razón, si no ha hecho nada, es porque sabe que no puede hacernos daños a nosotros, los otros dioses se molestaría si esto llegara a pasar, pero…―Paro Arata.

―Él podría sacar excusas de que estamos ayudando a un solo dios, y nos podría atacar por tener a Scarlett con nosotros―dijo Nozomi.

―Tienes razón―dijo Arata.

Las cosas estaban extrañas, Zeus no había interferido en todo el transcurso del viaje, que estaría pensando.

―¡Arata-heika!―entró Amaya a toda prisa y un poco agitada.

―¿Qué pasa?―preguntó Arata, en ese mismo tiempo se pudo escuchar el sonido de un rayo―Ya comenzó.

―Sí, bueno. Afuera están varios de sus hijos, y estamos sobre nuestro punto de destino, para entrar a los cielos griegos.―dijo Amaya.

―Bien, dile al piloto que ponga el avión en suspensión en el aire―dijo Arata.

―Sí―dijo Amaya.

Amaya se fue y le dijo al piloto lo que tenía que hacer, seguido de eso, el piloto habló con la azafata quien asintió y sacó su Arumakado de color blanco.

Pronunció la magia y el avión quedó suspendido en el aire sin moverse a ningún lado.

―Muy bien, yo saldré―dijo Arata―ustedes quédense aquí.

―Oni-san, yo voy contigo―dijo Nozomi.

―… Está bien―dijo Arata.

Los dos sacaron su Arumakado, el color dorado que este emitía se podía apreciar más de lo normal cuando ellos dos estaban junto.

Abrieron las puertas del avión, el viento era un poco más fuerte de lo normal, el cielo también se estaba formando de nubes negras con grisáceos, salían rayos en vez en cuando.

Arata y Nozomi, se quedaron sorprendido a dirigir su mirada donde estaban todos ellos.

Soldados.

Más de cien soldados se mantenían en el aire suspendido con sus armaduras de la edad media griega, de un color azul las cresta que llevaba los cascos de hierro y partes de las ropas de telas eran de un azul profundo, y lo metálico de un precioso plateado junto con sus armas eran partes de los soldados de los cielos de Zeus.

Dirigiendo este pequeño grupo de soldados estaban; Atenea con su armadura, el dios Apolo y su hermana Artemisa, dioses prácticamente antiguos, desde el comienzo de reinado del dios Zeus.

Apolo, con su arco dorado no traía ninguna flecha consigo, sus vestiduras un poco moderna era blanco, sus ojos azules, con su color de pelo rubio, casi eran dorados, una apariencia joven traía encima, no más de 30 años de edad.

Su hermana Artemisa, también traía su Arco, pero lo traía en la mano sin ninguna flecha y no había signos de querer disparar, su rostro no reflejaba ninguna emoción en sí misma, le daba igual lo que sucedería aquí. Vestida también de ropa moderna blanca, su color de cabello de un negro rojizo, totalmente ondulados que no perdía fuerza en querer perder el brillo a pesar de la tempestad que estaba en el aire.

El aire frío y viento chocando el cuerpo de todos los que estaban suspendido en el aire, era el ambiente de querer luchar, no de parte de Arata ni de los soldados, si no solo de Atenea, que quería venganza.

Los cielos con rayos, nubes negras y grisáceas se notaba en todo los alrededores, era Zeus definitivamente, pero esto era…

―Esto es innecesario―hablo Arata―. No he pedido una bienvenida tan buena como esta, dioses del Olimpo―dijo Arata sin ninguna expresión en su cara.

―Hiromi Arata, según el tratado con los dioses que ha firmado tu antepasado, se prohibió ayudar a un dios especifico, has tomado la decisión de ayudar al dios Poseidón con su hija―dijo Atenea.

―Ho, enserio―dijo Arata sin sorprenderse―si mas no recuerdo y la memoria no me falla, yo encontré accidentalmente a Scarlett, que estaba en problema y ella me pidió ayuda―dijo Arata―y en el contrato no dice algo sobre no ayudar a los semidioses.

―*tsk*―chasqueo la lengua Atenea―Hiromi Arata, está protegiendo a una asesina, padre no tolerará esto, si sigue como estamos, no responderemos por la situación en las que nos encontremos después―dijo Atenea.

―Hmmm, tienes razón―dijo Arata―no me importa lo que Zeus quiera, yo no confió en todos los dioses, yo solo hago mi trabajo por amor a las personas buenas que existen ahora y por el contrato que tiene nuestro antepasado con ustedes―dijo Arata.

―Te atreves a decir eso, ustedes están en la tierra es por nosotros lo dioses, sin nosotros no estuvieran aquí―dijo Atenea.

―¿y qué?―dijo Arata.

―¿y qué?—dijo entre dientes Atenea.

―A mí ya no me importa eso, ese fue nuestro antepasado quien se lo debe agradecer, ¿no?—dijo Arata―además, tu hija está viva ¿no?, y no sé por qué hablas de esto. Yo veo que Apolo y Artemisa, mataron a los 14 hijos de Niobe. Me imagino que los arrastraron hacia acá, ¿cierto?

―Este chico me cae bien―dijo Apolo riéndose―tienes razón, no soy alguien para hablar sobre eso―dijo Apolo.

―Además, ustedes matan y matan, y solo lo hacen porque son dioses, buena excusa las que tienen ustedes―dijo Arata―Atenea, tú eres la diosa de la sabiduría, pero veo que esa sabiduría no tiene efecto en ti misma.

―¡Estupidooooo!

Gritó Atenea mientras iba a toda velocidad hacia Arata.

En dos parpadeo, solo se oyó la onda expansiva que causó el choque de las dos armas que estaban frente a los ojos de Arata.

Era Nozomi quien había interceptado la lanza de Atenea, quien iba a atacar a Arata, solo se quedaron mirando.

―Os osáis a enfrentar a los dioses, ya perdieron la cabeza―habló Atenea.

―Hermano, ya estoy aburrida, ya vámonos ya―Nozomi no le prestó atención a las palabras de Atenea.

En un empuje las dos se separaron y Atenea volvió a su sitio.

―¿Estas bien?―pregunto Arata a Nozomi.

―Sí, solo me quedo doliendo un poco los brazos―dijo Nozomi en voz baja para que nadie escuchara.

Arata solo noto lo nerviosa que estaba ella después de lo que pasó, sus brazos temblaba un poco, pero los dioses no podían notar este pequeño movimiento. Arata conocía muy bien su hermana, esto era signo de no tener el poder de luchar contra un dios.

―Ya estoy aburrido estando aquí, ¿nos van a dejar pasar, sí o no?

Nada que discutir respecto a esto, la única que no lo quería dejar pasar era Atenea. Apolo y Artemisa, estaban de espectadores y obligados a estar ahí.

―Sí no hay problemas en dejarme pasar, entonces seguiré mi camino―dijo Arata.

―Siendo así, solo veré como nuestro Padre Zeus te pone de rodilla―dijo Atenea―vámonos―le dio la espalda a Arata―nos vemos en el Olimpo.

El grupo de soldados que vinieron se fueron junto con Atenea en un resplandor dejando el espacio vacío.

Apolo y Artemisa, se quedaron de último y se inclinaron un poco hacia Arata. Viendo esto Arata, hizo lo mismo, la inclinación era solo de forma de respeto, nada de alabanza ni cosas parecidas.

―Me han, hablado mucho de ti Hiromi Arata. Y también de la persona que tienes en el avión, que utiliza también un arco como mi hermana y yo, se dice que casi se compara a nosotros, cuídala bien, nos gustaría tener un duelo algún día―dijo Apolo.

―Apolo y Artemisa, en cualquier momento pueden contactarme para tener un duelo, pero ya saben de mi situación, así que no les puedo dar mucha peleas―dijo Arata―diosa Artemisa, sé que no te gustan los hombres, pero fue un gusto conocerla.

Artemisa con su resplandeciente rostro sin expresión no mostraba desprecio a Arata, simplemente asintió.

―Mi asistente es arquera, en un futuro espero y la instruyen mejor en la arquería―dijo Arata.

―Será un honor―dijeron los dos dioses.

Después de eso se desvanecieron en el aire en un resplandor amarillo como el sol que alumbra al medio día.

―parece que ya pasó todo―dijo Arata―Nozomi, ya están preparadas las chicas.

―Sí, pero dicen que tienen miedo―dijo Arata―bueno no se puede evitar después de todo vamos a saltar desde los cielos hasta los suelos de Grecia.

―Estamos ahora sobre el Templo de Zeus―dijo Nozomi.

―Muy bien, es hora de saltar―dijo Arata.

Haruka, Jun y Scarlett, estaban situada en el borde de la puerta del avión, estaban asustadas, solo miraban hacia abajo. La ciudad de Grecia se podía notar, el Templo de Zeus el Olímpico, se visualizaba desde el grande de una sandía.

―Arata-heika, ¿Es necesario hacer esto?―pregunto Haruka nerviosa.

―Hmmm, bueno. No―respondió―. Podríamos llegar al Templo e invocarle portal, pero para hacerlo más divertido y vayan perdiendo el miedo a estas cosas, decidí hacer esto.

―¡heee!―reclamo Haruka.

―Muy bien es hora de saltar―dijo Arata.

Lo único que se vio, fue cuando Amaya estaba empujando las chicas al vacío…

Seguido de eso solo se pudo escuchar los finos gritos de miedo de tres chicas, Haruka, Jun y Scarlett, caían por el finito espacio por el cual caían.

Amaya también saltó sin problema. Las personas ubicadas en los suelos de Grecia, no notaron nada de lo ocurrido, solo las nubes grisáceas que se formaba en los cielos, juntos con los rayos.

La azafata y la sirvienta de servicio en el avión se inclinaron y hablaron―Que tenga un buen viaje―dijeron al unísono.

―Ya regresamos.

Arata y Nozomi, tenían la especialidad de vuelo, una habilidad, prácticamente única para ellos dos, nadie más sabía esta magia, no se sabe si era una nueva magia, o el poder necesario que se necesitaba para activar el vuelo era bastante.

Los gemelos tomaron la misma ruta que todos, ir a estrellarse contra el suelo de Grecia. Aumentaron su velocidad, y en un momento a otro estaban a la cabeza de las personas que saltaron antes que ellos.

―¡Todos saquen su Arumakado!―grito Arata en el aire.

Las discípulas estando nerviosas sacaron su Arumakado, Amaya también, Nozomi que tenía la Arumamu, la convirtió en Arumakado. Esto era prácticamente una identificación de entrada a los cielos, para decir que eran del clan Kuranmunsuta y tenían permitido entrar.

Scarlett, por ser semidiosa, podría entrar a los cielos, con el permiso de su padre. Pero había un riesgo, y era si los cielos de los dioses griegos habían prohibido ya la entrada de los hijos de Poseidón.

―[Potaru] – [Ten no maho] – [Kassei-ka]                                                                             ―(Portal – Magia celestial – Activado)

En la parte superior del templo de Zeus, se logró notar como un círculo mágico de gran magnitud se formaba.

Líneas y más líneas salían, para formar el círculo mágico creado por Arata. Los demás también lo notaron, solo faltaba unos cuantos metros para llegar al círculo mágico.

―¿Eso qué es?―preguntó Jun.

Arata no respondió, solo espero a que llegara al círculo mágico, ya tenían idea de lo que podía ser este círculo.

Y sin darse cuenta, solo se pudo sentir como un algo los llevaba más rápido que la velocidad de las luz en un espacio negro infinito.

Era la nada definitivamente.

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Sobre Runter 98 Artículos
Es el jefazo que lleva la web, le gusta enviar audios muy largos mientras camina en un garaje.

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